La inspiración de los profetas

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Qué es inspiración? Una orquesta puede ofrecer un con­cierto inspirado. Los artistas pueden estar inspirados al escribir música o pintar un cuadro, y los atletas pueden ser inspirados a esforzarse para obtener el oro olímpico. Cuando se usa en estos contextos, la palabra inspiración significa algo bastante diferente de lo que significa cuando se usa acerca de la Biblia. En el mundo de las artes, la inspiración se refiere a un estado de fervor creativo que precede a la composición de una obra. En la Biblia, describe la forma en que el Espíritu Santo se asegura de que los escritores bíblicos trasmitan correctamente los mensajes de Dios a su pueblo.
Los atletas pueden ser inspirados o motivados a ganar un premio de oro. Sin embargo, la inspiración en las Escrituras, nunca fue algo que los profetas desearan, ni los motivó para luchar por la gloria, el honor o la aceptación. Para muchos, fue una experiencia dolorosa. Jeremías se quejó: "Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste" (Jeremías 20:7). Parecería que no se alegraba de ser un profeta de Dios.
En 2 Timoteo 3:16 el apóstol Pablo escribió: "Toda la Escritura es inspirada por Dios". De este modo, la inspiración de la Biblia es claramente una enseñanza que se encuentra en la Escritura mis­ma. Los escritores del Antiguo Testamento a menudo afirman estar registrando las mismas palabras de Dios, haciendo declaraciones tales como: "Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo" (Éxodo 6:2); "El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua" (2 Samuel 23:2); "Vino a mí palabra de Jehová, diciendo" (Jeremías 2:1); "Y le dijo Dios" (Oseas 1:6). Algunas personas han intentado contar éstas y otras declaraciones similares y han llegado a contar más de dos mil de tales afirmaciones de inspiración solo en el An­tiguo Testamento.
Revelación, inspiración e iluminación                                                
Antes de seguir adelante, necesitamos clarificar algunos térmi­nos. Mientras la distinción entre inspiración y revelación no es to­talmente definida, la palabra revelación se refiere principalmente a la divulgación de la verdad mediante palabras, actos o cualquier otro medio, pero más plenamente por la persona de Jesucristo. Se refiere principalmente al contenido de la verdad: el asunto que es comunicado al profeta. Por ejemplo, en Daniel 7, la revelación es lo que Daniel vio.
El término inspiración, por otro lado, describe principalmente la forma en que Dios comunica su verdad: el método de comuni­cación entre Dios y los seres humanos. A veces, Dios usó visiones y sueños (ver Números 12:6). En otras ocasiones, él habló cara a cara (ver los versículos 7 y 8) o sencillamente guió a los escritores de alguna manera mediante el Espíritu Santo de modo que lo que escribieron estaba en armonía con su voluntad. De este modo el apóstol Pedro declaró: "Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21). La palabra inspirados (griego féro)se usa en Hechos 2:2 para hablar del "viento recio que soplaba [fero]" que descendió sobre los creyentes en Pentecostés. Hechos 27:15 se re­fiere a un barco que fue llevado [féro]por el viento, que les impedía controlarlo o manejarlo. Así, en 2 Pedro 1:21, el uso de la palabra féro implica que los escritores bíblicos fueron llevados por el Espí­ritu Santo como un barco es llevado por el viento. Estaban bajo su control.
La tercera palabra que necesita una breve explicación es la pala­bra iluminación. Iluminación es el acto del Espíritu Santo que nos da luz y ayuda para entender la Palabra de Dios. Mientras la reve­lación y la inspiración afectan a los autores bíblicos, la iluminación nos afecta como lectores. Pablo escribió: "Pero el hombre natural [que no tiene el Espíritu, NVI] no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (1 Corintios 2:14). En otras palabras, el lector e intérprete de las Escrituras debe ser guiado por el mismo Espíritu que inspiró las Escrituras. Sin la iluminación del Espíritu Santo, no podemos interpretar la Biblia correctamente, porque sólo él capacita al creyente a comprender y aplicar la Escri­tura. De este modo, cualquier estudio de la Palabra de Dios debería comenzar con una oración pidiendo la conducción y la iluminación del Espíritu Santo.
Modelos de la inspiración de la Biblia
Muchos cristianos evangélicos consideran la Biblia como verbalmente inspirada, y por lo tanto, infalible e inerrante. Como lo explica W. Elwell: "La inerrancia es la idea de que cuando todos los hechos llegan a ser conocidos, demostrarán que la Biblia en sus autógrafos originales y correctamente interpretada es enteramente verdadera y nada falso en todo lo que afirma, sea que se relacione con una doctrina o con la ética o las ciencias sociales, las ciencias físicas o las ciencias de la vida".
Aunque los adventistas del séptimo día tienen un concepto ele­vado de las Escrituras, nunca aceptaron la inerrancia verbal. Como lo explicó Elena de White:
"La Biblia está escrita por hombres inspirados, pero no es la for­ma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuen­cia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, o de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores”.
"No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados. La inspiración no obra en las pala­bras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente indivi­dual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios".
Los adventistas del séptimo día, por lo tanto, han evitado la ex­presión inspiración verbal y generalmente han preferido la expresión inspiración de pensamientos. Esto no significa que las palabras de la Biblia no son dignas de confianza o sin importancia. Por el contra­rio, tanto pensamientos como palabras están involucrados en el pro­ceso de la inspiración. Los autores de las Escrituras recibieron los mensajes de Dios en forma visual o verbal, y ellos trasmitieron estos mensajes lo mejor que pudieron en forma escrita, frecuentemente expresando los pensamientos en las mismas palabras que había oído hablar a Dios o a los ángeles. Así, Elena de White afirmó: "Tomo la Biblia tal como es, como la Palabra Inspirada".
Podríamos describir más la inspiración bíblica en términos de dos modelos. La mayoría de los adventistas saben y entienden el modelo profético de la inspiración. Sencillamente significa que Dios se comunicó con sus profetas mediante 1) sueños y visiones (ver Números 12:6; Isaías 1:1; Ezequiel 1:1; Daniel 7:1; Amós 1:1); 2) dis­cursos directos (ver Génesis 12:1; Éxodo 3:4-6); o 3) ángeles (ver Daniel 8:15,16; 9:21).
En Jeremías 36:2 se le dijo al profeta: "Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy". Lo que Dios le dijo contra Israel, Judá y las naciones, llena casi todo el libro de Jeremías. Es difícil que por su propia cuenta Jeremías pudiera haber recor­dado todo lo que Dios le dijo durante los veinte años previos. El Espíritu Santo debe haberle recordado lo que se le había dicho, y el mismo Espíritu lo guió al escribirlo, porque el producto final de lo que le dictó a su secretario Baruc es llamado "las palabras de Jehová" (versículo 11). "La experiencia de Jeremías indica que los profetas no escribieron sus libros como si fueran meros copistas. Estuvieron plenamente involucrados, mientras que al escribir eran impulsados y guiados por el Espíritu".
Sin embargo, no todos los libros de la Biblia fueron escritos por profetas sobre la base de sueños y visiones. Algunos libros fueron escritos bajo un modelo diferente de inspiración. El Evangelio de Lucas nos proporciona una ilustración adecuada de este modelo. En su introducción, Lucas escribió: "Puesto que muchos han tra­tado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido" (Lucas 1:1-4).
En ninguna parte de su Evangelio Lucas pretende haber tenido sueños y visiones, ni haber sido testigo ocular de la vida de Cristo. Así que, ¿cómo escribió el Evangelio que más tarde llegó a ser par­te del Nuevo Testamento? En su introducción él menciona otros informes de la vida de Cristo con los cuales obviamente estaba familiarizado. Se refiere a testigos oculares, algunos de los cuales probablemente encontró y entrevistó. Los apóstoles, los setenta discípulos, las mujeres que ayudaron a Jesús, y los miembros de la familia de Jesús habían sido testigos oculares de la vida de Jesús y habían escuchado sus enseñanzas. Lucas puede no haber tenido entrevistas personales con todos ellos, pero todo lo que él registra en su Evangelio lo recibió de otros de alguna manera.
Lucas también menciona a "ministros de la palabra" (huperétai, en griego). ¿Quiénes fueron estas personas? George Rice cree que fueron personas que realizaron una función especial en la iglesia primitiva. "Ellos fueron personas especialmente elegidas para memorizar los sermones, las parábolas y los actos de Jesús. Su res­ponsabilidad fue repetir de memoria lo que el Señor había dicho y hecho, y posiblemente interpretar su significado". Lucas identifica a Juan Marcos como uno de estos huperétai en Hechos 13:5.
De la declaración introductoria de Lucas podemos inferir que él reunió informes de la vida de Jesús, entrevistó a testigos oculares, reunió materiales, y leyó libros, y el Espíritu Santo lo guió en la selección de qué debía escribir. Lucas arregló los eventos en el or­den en el cual él quería presentarlos a Teófilo, un hombre de rango elevado en el mundo romano de sus días. De este modo, en el libro de Lucas vemos lo que puede llamarse el "modelo de investigación de la inspiración". En este modelo el Espíritu Santo guía a los escritores en su investigación, lectura y entrevistas y entonces los dirige en la selección y presentación del material. Desde el tiempo de la iglesia primitiva en adelante, los cristianos creyeron que el Espíritu Santo guió a Lucas en la selección de los materiales, y se aseguró de que lo que él escribía, estuviera en armonía con los even­tos históricos y con la voluntad de Dios. Elena de White tiene un comentario interesante sobre este punto. Ella escribió: "Dios se ha dignado comunicar la verdad al mundo por medio de instrumentos humanos, y él mismo, por su Santo Espíritu, habilitó a hombres y los hizo capaces de realizar esta obra. Guió la inteligencia de ellos en la elección de lo que debían decir y escribir".
Otros libros que muy probablemente fueron escritos bajo este modelo son 1 y 2 Reyes, y 1 y 2 Crónicas. A veces los autores de estos libros usaron fuentes existentes, tales como los registros de la corte (ver 2 Crónicas 35:4), las crónicas (ver 1 Crónicas 27:24), las histo­rias (ver 2 Crónicas 27:7), y libros de otros profetas (ver 1 Reyes 11:41; 2 Reyes 14:28; 1 Crónicas 29:29). No obstante, mientras los autores estudiaban y componían, el Espíritu Santo guiaba sus mentes en la selección de qué fuentes usar y qué escribir.
Algunos libros pueden haber sido escritos bajo ambos modelos de inspiración. Por ejemplo, encontramos indicios de tablas ge­nealógicas que Moisés consultó al escribir el libro del Génesis (ver Génesis 5:1; 6:9; 10:1; 11:10; etc.). No obstante, sabemos que Moi­sés también recibió muchas visiones y comunicaciones verbales de Dios. Elena de White dice que la mayor parte del contenido del libro del Génesis fue revelado a Moisés mientras estuvo en Madián cuidando los rebaños de su suegro (ver Patriarcas y profetas, p. 256).
Algunas de las cartas de Pablo pueden también caer en esta cate­goría. Él recibió visiones (ver 2 Corintios 12:1-7), pero también recibió información de los miembros de la iglesia, que incorporó en sus cartas (ver 1 Corintios 1:10, 11). A veces también citó a autores paga­nos. Por ejemplo, el proverbio "Las malas compañías corrompen las buenas costumbres" (1 Corintios 15:33, NVI) es una cita del poeta griego Menandro (343-280 a. C.), y el "profeta" cretense a quien cita en Tito 1:12 muy probablemente fue Epiménides.
Aunque los autores bíblicos usaron diferentes fuentes además de la revelación del cielo, el producto final de este esfuerzo cooperativo entre Dios y el hombre fue la Palabra de Dios, porque todos los escritos fueron hechos bajo la supervisión del Espíritu Santo.
La inspiración de Elena de White
Las Escrituras no reconocen grados de inspiración. Un profeta no puede ser sólo 50 por ciento inspirado, y otro profeta, el 80 por ciento inspirado. Las personas o son inspiradas o no son ins­piradas. Por lo tanto, debemos concluir que el Espíritu Santo que inspiró a los autores bíblicos también inspiró a la Sra. White en el mismo grado.
Durante los setenta años de su ministerio, Elena de White reci­bió unas dos mil visiones y sueños. Recibió su primera visión a fines de 1844 y la última el 3 de marzo de 1915. Durante los primeros cuarenta años de su ministerio, ella recibió muchas visiones abier­tas, en otras palabras, visiones en público, durante las cuales era aparente para la gente que estaba alrededor de ella que estaba en visión. De acuerdo con J. N. Loughborough, quien presenció unas cincuenta de tales visiones, su última visión pública ocurrió en el congreso campal de Oregon en 1884.
¿Por qué cesaron las visiones abiertas en 1884? Un breve estudio revela que Dios inició la iglesia cristiana con muchos fenómenos sobrenaturales. En Pentecostés, la aparición de las lenguas produjo bastante agitación en la comunidad (ver Hechos 2:5-13). Pedro y Juan sanaron al paralítico a la puerta del templo, y la gente estuvo maravillada (ver Hechos 3:6-10). Ananías y Safira fueron muer­tos (ver Hechos 5:5,10), y Dorcas fue levantada de los muertos (ver Hechos 9:40-42). Pero una vez que la iglesia quedó establecida, estas manifestaciones disminuyeron. Dios siguió obrando milagros, pero estas demostraciones públicas de su poder ya no eran necesarias.
También fue así en la Iglesia Adventista del Séptimo Día: las manifestaciones sobrenaturales, visibles, disminuyeron mientras la iglesia se establecía y la profetisa llegó a ser aceptada.
¿Fue inspirado por Dios todo lo que escribió Elena de White? No. Ella misma explica por qué no:
"Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios. Se hacen preguntas a ve­ces que no tienen nada que ver con temas religiosos, y esas pregun­tas deben ser contestadas. Conversamos acerca de casas y tierras, transacciones comerciales y ubicación para nuestras instituciones, sus ventajas y desventajas".
Así como los profetas bíblicos, Elena de White tuvo que tratar con problemas y preguntas que no tenían nada que ver con su don profético. Por lo tanto, lo que escribió o dijo con respecto a estos asuntos, no fue inspirado. Note también lo que ella dijo en una carta que escribió en 1906 al Dr. Paulson, fundador y director del Sanatorio de Hinsdale: "En su carta, Ud. habla de que fue instruido desde niño en tener fe implícita en los testimonios y dice: ‘Fui in­ducido a concluir y creer con toda firmeza que cada palabra que Ud. habló en público o en privado, que cada carta que Ud. escribió en cualquier circunstancia y en todas ellas, fueron tan inspiradas como los Diez Mandamientos’.
"Mi hermano, Ud. ha estudiado mis escritos diligentemente, y nunca ha encontrado que yo haya pretendido algo semejante, ni tampoco encontrará que los pioneros de nuestra causa jamás pre­tendieron eso".
Por otra parte, la creencia en la inspiración de Elena de White significa por implicación la creencia de que lo que ella declaró ser de Dios debe ser aceptado como tal. Como dijo F. M. Wilcox, quien por muchos años fue director de la Review and Herald yque la conocía personalmente: "Debemos creer que lo que ella dijo, a viva voz o por la pluma, en páginas impresas o por medio de la correspondencia, como mensajes de Dios, era cierto como se los presentaba. Debemos aceptar sus afirmaciones como verdaderas en relación con esto, o si no, rechazar totalmente su llamado al cargo profético".
Con respecto a los libros que escribió, ella dijo: "La Hna. White no es la originadora de estos libros. Ellos contienen la instrucción que durante el período de su vida Dios le ha estado dando. Contie­nen la luz preciosa y consoladora que Dios ha concedido genero­samente a su sierva para ser dada al mundo". Ella dijo lo mismo acerca de sus cartas y artículos: "En estas cartas que escribo, o en el testimonio dado, digo lo que el Señor me ha presentado. No escribo un solo artículo en la revista que exprese meramente mis propias ideas. Son lo que Dios ha desplegado ante mí en visión: los preciosos rayos de luz que brillan del trono".
El elemento humano en sus escritos
El hecho de que Elena de White afirmó que no expresaba sus propias ideas sino las que Dios le había mostrado no significa que cada cosa que escribió para la iglesia llegó a ella por vía de un cable celestial. Lo que se le había mostrado en las visiones debía escribirlo en sus propias palabras. Y cuando se le mostraron escenas históricas que eran parte del gran conflicto, ella tenía que ir a los libros de historia para encontrar los nombres de los lugares y las fechas de los eventos que había visto. En consecuencia, ella escribió en la intro­ducción del libro El conflicto de los siglos: "En algunos casos cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y pre­sentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras, no tanto para citar a esos escritores como autoridades, sino porque sus palabras resumían adecuadamente el asunto". Hoy sabemos que ella usó material de libros escritos por otros autores en muchos de sus libros. Esto no debería sorprendernos. Como Moisés, Pablo y otros autores bíblicos, ella recibió sueños y visiones de Dios, pero también tuvo que investigar antes de que pudiera escribir muchos de los mensajes de Dios.
Como los autores bíblicos, Elena de White a veces cometió errores con respecto a asuntos históricos. En la Biblia encontra­mos que Mateo equivocadamente escribió "Jeremías" en lugar de "Zacarías" (ver Mateo 27:9), y Esteban (o Lucas) confundió los nombres de Abrahán y Jacob en Hechos 7:16 (comparar con Génesis 23:10-16; 33:19). Por cuanto estos detalles no eran importantes para el men­saje, Dios no intervino para corregirlos. En forma similar, en los escritos de Elena de White, podemos encontrar detalles que pue­den no ser históricamente correctos. Cuando tales cosas le fueron señaladas, ella estuvo bien dispuesta a corregirlas. Por ejemplo, en su descripción de la Masacre de San Bartolomé en Francia, en 1572, ella siguió la Historia del protestantismo, de Wylie, y escribió en la edición de 1888 de El conflicto de los siglos: "La gran campa­na del palacio, repicando a altas horas de la noche, fue una señal para la mortandad". Cuando le señalaron que muchos historiadores posteriores creyeron que no fue la campana del palacio sino la campana de la iglesia de Saint Germain la que dio la señal para la masacre, ella cambió la oración para que dijera: "Una campana, repicando en medio de la noche, fue la señal para la masacre".
En 1912, su hijo W. C. White escribió a quien había hecho una pregunta: "Mi madre nunca ha deseado que nuestros hermanos tra­taran esos escritos como una autoridad con respecto a detalles de historia, o datos históricos". Al escribir los capítulos del conflicto [El conflicto de los siglos], a veces dio una descripción parcial de un suceso histórico importante, y cuando su copista, que estaba pre­parando los manuscritos para el impresor, averiguó con respecto al tiempo y al lugar, mi madre le decía que esas cosas estaban regis­tradas por historiadores competentes, y pedía que se insertaran las fechas empleadas por esos historiadores". Y aun los historiadores concienzudos pueden estar equivocados. (Sin em­bargo, esto no significa que podemos ignorar todo lo que escribió acerca de la historia).
Es importante recordar que tales inexactitudes menores no cambian el mensaje. Por eso Dios pensó que no era necesario intervenir sobrenaturalmente en esos casos.

 

Henry H. Morris, Many Infallible Proofs (San Diego, Calif.: Creation-Life Publishers, 1974), p. 157.

Walter A. Elwell, ed., Evangelical Dictionary of Theology (Grand Rapids; Mich.: Baker Book House, 1984), p. 142.

Elena G. de White; Mensajes selectos, tomo 1, p. 24

Elena G. de White; Mensajes selectos, tomo 1, p. 19

Jeremías fue llamado para ser profeta en el año 626 a. C. (ver Jeremías 1:2, y el cuarto año de Joacim (36:1) fue el año 605 a. C.

Peter van Bemmelen, "Revelation and Inspiration", en Handbook of Seventh-day Adventíist Theology, Raoul Dederen, ed. (Hagerstown, Md.: Review and Herald, 2000), p. 38.

George E. Rice, Luke, a Plagiarist? (Mountain View, Calif.: Pacific Press®, 1983), p. 22.

Elena G. de White; El conflicto de los siglos, p. 9

GCB 1893; pp. 19, 20.

Elena G. de White; Mensajes selectos, tomo 1, p. 44

Elena G. de White; Mensajes selectos, tomo 1, p. 27

Francis M. Wilcox, The Testimony of Jesus (Washington, D. C.: Review and Herald, 1944), p. 64.

Elena G. de White; El colportor evangélico, p. 129

Elena G. de White; Mensajes selectos, tomo 1, p. 33

Elena G. de White; El conflicto de los siglos, p. 14

Elena G. de White; El conflicto de los siglos, [1888], p. 272

Elena G. de White; El conflicto de los siglos, [1911], p. 272

W. C. White, Letter to W. W. Eastman, 4 de noviembre de 1912 (Mensajes selectos, tomo 3, pp. 509, 510).

Elena G. de White; Mensajes selectos, tomo 3, pp. 510, 511

 

 


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